FELIZ NAVIDAD 2015

jueves, 7 de noviembre de 2013

ENTRE MIS PIERNAS, SENTADA (prosa poética)





Música de fondo:




 ENTRE MIS PIERNAS, SENTADA




Cuanto echo de menos aquellas tórridas tardes de verano, al igual que las tranquilas y apacibles del otoño, así como a las primaverales, siempre tan alegres y pletóricas de vitalidad. Incluso, hasta  añoro a las tardes frías y heladas del invierno en las que siempre con ganas me buscabas y, aunque bien sabías donde estaba querías sentir, por dentro de tu piel, florecer la sensación de ansiedad que iba estremeciendo tus entrañas a medida que a mí te aproximabas. Con sutil sonrisa a mis ojos me directamente mirabas y en ellos te mecías. Eran caricias con la vista que hasta el tuétano del alma me agitaban. Tu excitación era la luz que a mi despacho decoraba, transpiración latente, irradiación inconmensurable que prendía en mi sangre  a medida que tu cuerpo se contorneaba.

Cuanto echo de menos aquella forma de venir, de acercarse, de aproximarse y de llegar a casa al salir del trabajo. Siempre me encontrabas en el que era nuestro excelso lugar. Sentado en mi sillón, en el despacho y frente al ordenador con cara de circunstancia aunque con la respiración ya entrecortada pues en silencio había estado contando tus pisadas 38, 39 y 40... Después de pintar con tu mirada la estancia de color pasión, deseo y vida, el sillón girabas, quedando frente a ti con mis piernas aireadas, donde sin dudarlo en una te sentabas.


Abrazados entre sonrisas y cálidas miradas, nuestras almas se reconfortaban, hablando sin cesar de  cosas sencillas, cotidianas que en tu día te acompañaban y de las mías que entre letras y poemas se plasmaban. Entre risas, dulces besos y palabras, poco a poco el deseo bullía y a ras de piel afloraba. Un brillo intenso en los ojos nos delataba. Sentía como tu mano por mi pierna muy lentamente ascendía de forma segura, dueña de ti misma, sin dejar de mirar a mis ojos con malicia, chispa y alegría. Mi sangre hervía cuando jugabas con tus dedos por encima de la tela encendida que sin reparo palpabas a mano abierta con caricias incandescentes. 

En un vaivén continuo deslizabas tu mano por encima del fuego que prendía allá debajo, donde tanteabas y cogías todo aquello que te apetecía como dueña que eras, como esclavo que te servía. Mi mano en tus rodillas las piernas con sutileza te abría, te dejabas hacer por inercia, por deseo y por ser solamente mía. Tus labios a los míos abrasaban entre suspiros y delicias cuando tu humedad a mi mano envolvía, mientras con descaro y sin descalabro el miembro su silencio rompía y desairando normas que jamás debieron de ser escritas, insolente entre mis piernas se erguía poderoso, directo y sin rodeos. Entre tus piernas mi mano te poseía, mientras los problemas del día sucumbían y, hasta algunos por si solos se resolvían. Entre los dos, entre mil besos y dos mil caricias, tras mil penas del día perecían.

Tus braguitas, bandera y seña de conquista con suavidad, sutileza y elegancia descendían, sensación liberalizadora que por dentro te encendía, despojándote de límites y reglas tuteabas a la decencia, asiendo, tanteando, tomando, tocando, palpando, moviendo, cogiendo y meneando la pétrea dureza que con ansiedad y fuerza mi miembro exhibía con todo su esplendor sin pudor ni miedo, dueño del tiempo al que detenía y, esclavo del deseo  por el que nacía y en él que moría, roto por mil y un lamento, suplicando que no cese el tacto de tu mano, deseando que te sientes entre mis piernas liberadas.  

 Ser hombre en una mujer es adorarla como diosa de sus entrañas, que es.  Ser hombre en una mujer es amarla por ser la parte que le falta. Ser hombre en una mujer es desearla por ser la meta que nunca alcanza y que jamás se sacia pues por mucho que la tomes, la tengas, la poseas y satisfagas siempre es necesaria, siempre  te falta.

Cada tarde el aire me ahoga cuando se acerca la hora. Arreglábamos tantas cosas que hasta la vida nos cambiaba. Ahora, en esta soledad que me embriaga, me doy cuenta que nunca, en realidad, has estado pero los dos sabemos que sentada entre mis piernas tú estabas.


AZULPLATA